Horacio Quiroga nació el 31 de diciembre de 1878 en El Salto, Uruguay. Su madre fue la uruguaya Pastora Forteza, y su padre el argentino Prudencio Quiroga, quien a su vez descendía de Juan Facundo Quiroga, el caudillo argentino apodado “El tigre de los llanos”. Fue el sexto, y último, hijo del matrimonio Quiroga-Forteza.
A los 2 meses de haber nacido, Horacio Quiroga presencia la accidental muerte de su padre, pues este se da un balazo mientras limpia su escopeta. Este es el primero de varios sucesos trágicos que marcaron la vida del autor. Estos sucesos fueron el suicidio de su padrastro Ascenso Bargo en el año 1891, el asesinato, cometido accidentalmente con sus propias manos, de su amigo Federico Ferrando, la muerte de dos de sus hermanas, Pastora y Prudencia, a manos de la fiebre tifoidea en el año 1904, y el suicidio, en 1915, de la que era entonces su mujer: Ana María Cirés.
Este autor se formó en la capital uruguaya, y ya desde el principio mostró un interés por la literatura, por la química y por la fotografía. A los 18 años escribió sus primeros ensayos, y un año después empezó a colaborar con distintas revistas. En 1899 crea la “Revista de Salto”, revista de muy corta existencia, pues ya en 1900 dejó de ser publicada.
En 1901, luego de haber pasado un tiempo en Europa, Horacio Quiroga publica su primer libro: Los arrecifes de coral. Dos años después Quiroga se muda a Misiones en Argentina, país en el cual va a vivir por el resto de su vida. La provincia de Misiones se caracteriza por tener más de un tercio de su territorio cubierto con selvas subtropicales, y fue esta característica la que hizo que Horacio Quiroga se asentara por tanto tiempo en el Norte Argentino, recién en 1916 abandona Misiones. La selva, al igual que lo es el amor, se vuelve un tema recurrente en la obra de este autor. Estando en Misiones Horacio Quiroga publica varios libros, entre ellos el Almohadón de plumas y otros relatos. Todos los cuales presentan a la selva como un tema importante. Durante su estadía en Misiones, Horacio Quiroga se casa con Ana María Cirés, con la cual tuvo a Eglé, en 1911, y un año después a Darío. Solo 6 años después de haberse casado con Quiroga, Ana María se suicida.
En 1916 el autor se muda a Buenos Aires, ciudad en la cual publica una de sus más famosas obras: Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), esta obra muestra las obsesiones que tiene Quiroga al escribir, por un lado de la muerte, y con la muerte me refiero, a una muerte macabra y morbosa, y, por otro lado, la selva.
Estando en Buenos Aires el autor publica también su primera obra de teatro Las Sacrificadas, y empieza a publicar sus cuentos en el diario La Nación, hecho que da cuenta de la creciente fama del autor.
En la capital argentina, Quiroga conoce a quien llegaría ser su segunda esposa: María Elena Bravo. Con quien se casó en 1927, cuando María Elena, quien había sido compañera de escuela de la hija de Quiroga, tenía 20 años. Junto a ella, en 1932, volvió a Misiones. El matrimonio tuvo sólo una hija: María Elena. El matrimonio no fue de larga duración, dado que la esposa de Quiroga, quien no se sentía a gusto en la selva, lo abandonó junto a su hija en 1935.
A partir de 1935 Quiroga empezó a sufrir de fuertes molestias, las cuales lo obligaron a volver a la capital Argentina en 1937. En Buenos Aires los médicos le diagnosticaron un cáncer de próstata inoperable. Quiroga, quien sabía que los dolores iban a ir en aumento, decidió quitarse la vida, y en la madrugada del 19 de febrero de 1937, en la presencia de un amigo, el autor bebió un vaso de cianuro.
La vida de Quiroga estuvo marcada por varios sucesos trágicos. Estos sucesos son los que inspiraron sus obras, y son los que hacen a este autor ser llamado el “Edgar Allan Poe” latinoamericano, pues al igual que el autor estadounidense su obra se caracteriza por poseer algo marcadamente macabro y mórbido, quizás los cuentos de Quiroga no son tan oscuros como lo son los de Poe, pues los de Quiroga siempre tienen algo de inocencia, pero es innegable que la esencia de los cuentos de ambos autores es parecida. El cuento “El almohadón de pluma” es un perfecto ejemplo para esto, pues es una historia que empieza muy inocente, pero lentamente va llevando al lector a un final trágico y que además bordea lo macabro.
Este cuento representa, al menos, a mi parecer, la relación que Horacio Quiroga tiene con la muerte, la cual, debido a las experiencias trágicas que marcaron su vida, es muy "cercana", si es que se puede tener una relación cercana con la muerte. Con el personaje principal, que es una cándida y tímida niña, el escritor representa a la inocencia, y en su marido, Jordán, quien es alto, frio e incapaz de expresar sus sentimientos, representa a la muerte. En el transcurso de la trama uno siente como primero la frialdad de Jordán, y junto a esta frialdad también está la frialdad del "nido de amor"(1) que habitan ambos, corrompen la inocencia de esta "rubia, angelical y tímida"(2) novia. Esta novia finalmente muere por una anemia, es decir, se le ha "succionado" todo lo que ella necesita para vivir. Para mí, con esto Quiroga trata de representar, como la muerte llega y, lentamente, sin que nos demos cuenta en un principio, va absorbiendo nuestra energía para vivir, y finalmente nos lleva a sucumbir frente a ella. Y esto es exactamente lo que finalmente sucede con el mismo Quiroga, pues la muerte se va introduciendo lentamente en su vida, pero él no se da cuenta hasta que ya es demasiado tarde.
(2) Op. Cit