“El reloj hipnotiza. Su cuadrante –cualquiera que sea su tamaño- obliga a los ojos –redondo o cuadrado- a que lo miren y mirándolo la victima se olvide que ese mìnimo tic-tac es la guadaña en la cizaña.”
Odio lo que odio, rabio como radio. Armando Uribe
Odio lo que odio, rabio como radio. Armando Uribe

La verdad es que, últimamente, creía ver en todo algo extraño o incluso sobrenatural. Para tranquilizarse intentaba decirse que era normal de la vejez, pero el hecho era, que todas las mañanas al verse al espejo creía tener una arruga menos, creía que aquellas canas que poblaban sus cejas se hacían menos. Inclusive creía estar recuperando esa postura que había tenido hacia tantos años, pero que los años habían transformado en una joroba. Este hecho, si se compra con los constantes intentos de su mujer de “volver a la juventud”, uno se da cuenta de que bordea lo absurdo, de que, en el fondo, es una ironía del destino, pero bueno esto sólo es relevante para aquellos que creen en el tan aclamado destino. Como no es el caso, esto sólo representa un dato inútil, por lo que mejor volvemos a la historia del personaje, el cual llevaba el nombre (¿O quizás todavía lo lleva?) de aquel sacerdote que su madre hace tantos años había adorado: Marcial González. Por razones obvias no podía tener el apellido de este sacerdote, pues esto es algo inaudito en la mayoría de las sociedades, sobre todo al tratarse de un sacerdote católico. Esto, claro, no impedía que los rumores acerca del nombre del padre biológico de Marcial rondaran por todo México.
Como venía diciendo este personaje se encontraba dudando de su propia cordura, pues cuando se veía al espejo, lo que por su naturaleza poco vanidosa no era muy seguido, creía verse más joven. Algunos días incluso creía ver como el reloj que siempre traía en la muñeca iba para atrás, dedicó varios minutos a observar como las manecillas del reloj se movían, pero estas, probablemente porque sabían que alguien las observaba, se negaron a moverse, por lo que las dudas acerca de su salud mental seguían carcomiendo esta misma en Marcial. Irónicamente, cuanto más dudaba de su cordura, más la perdía.
Así es como Marcial lentamente enjovenecía sin darse cuenta de que realmente pasaba, de que no era sólo su imaginación que le jugaba una mala pasada. Cada día se dedicaba un par de minutos, que lentamente fueron media hora, a sólo mirar a su reloj para atrapar a las manecillas retrocediendo, pero no lo lograba, no lograba conseguir la prueba de su cordura que tanto anhelaba.
Los días pasaban y las personas que rodeaban a nuestro personaje se daban cuenta de los cambios que lo afectaban, pero evitando bochornos nadie se atrevía a hacerle algún comentario, ya que uno nunca sabe, hay personas que no quieren nada más que uno les diga cuán jóvenes se ven, mientras que a otras personas uno no le puede decir nada peor que están muy jóvenes. Al no poder encasillar a Marcial, que a estas alturas ya parecía más un adolecente que un adulto mayor, preferían aparentar normalidad.
Su mujer, que nunca había tenido ojos para nada más que para la imagen que ella reflectaba en el espejo, un día se dio cuenta de que no encontraba a su esposo, lo único que encontraba eran los restos de algo que en el pasado parecía haber sido un reloj, pero que alguien había destrozado con el martillo, y de su esposo nunca vio nada más. Uno que sabe que el esposo retrocedía en su paso por la vida podría imaginarse que se volvió un bebé y se perdió, pero la verdad es que incluso con su vida retrocediendo él nunca llegaría a la etapa inicial, a aquella que tanta libertad brindaba, pues una vez uno ha salido de ella no se puede volver. Es como el paraíso, uno cree que existe, pero uno sabe que una vez que la humanidad salió de él nunca podrá volver a entrar.
EVALUACIÓN:
ResponderEliminarBello texto; se ateve a proponer un cambio de explicación que aparece verosímil y un poco ingenuo también, lo que lo hace bello.
Nuevamente, presenta abuso de vocablos ("uno" en los últimos párrafos) y una leve falta de claridad en la redacción de los párrafos 2 y 3.
NOTA: 6.8